El concepto de Environmental, Social and Governance (ESG) surge entre finales de la década de 1990 y principios de los años 2000. No obstante, su adopción global se consolidó en 2004 con la publicación del informe Who Cares Wins, impulsado por la ONU en colaboración con importantes instituciones financieras internacionales.
Este informe planteó que la ausencia de políticas relacionadas con tres dimensiones fundamentales, ambiental, social y de gobierno corporativo, puede afectar directamente el desempeño financiero y aumentar los riesgos empresariales:
- Ambiental (Environmental): impacto ambiental, emisiones de carbono y uso eficiente de recursos naturales.
- Social (Social): relaciones laborales, respeto a los derechos humanos y relación con las comunidades.
- Gobernanza (Governance): estructura de gobierno corporativo, transparencia y prácticas éticas de gestión.
En 2006, la ONU promovió la creación de los Principles for Responsible Investment (PRI), mediante los cuales, fondos de inversión, bancos e inversionistas institucionales se comprometieron a integrar criterios ESG en sus decisiones de inversión y a canalizar recursos hacia empresas que cumplan con estos principios.
Posteriormente, el Paris Agreement de 2015, firmado por 195 países, estableció un marco global para combatir el cambio climático y limitar el calentamiento global. Aunque el acuerdo no es obligatorio en sí mismo, impulsó la creación de regulaciones, métricas ambientales y mecanismos de reporte que han fortalecido la adopción de prácticas ESG en múltiples sectores económicos.
ESG en el sector inmobiliario

En el sector de bienes raíces, la adopción de criterios ESG ha adquirido una relevancia creciente, particularmente en los mercados financieros. En México, por ejemplo, las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, incluyendo vehículos de inversión como las FIBRAS y los CKDs, deben incorporar y reportar prácticas ESG dentro de sus estrategias de gestión y transparencia corporativa.
Como parte de este proceso desde 1998, han surgido diversas certificaciones inmobiliarias, diseñadas para evaluar el desempeño de los activos bajo criterios de sostenibilidad. Estas certificaciones cubren principalmente:
- Dimensión ambiental: certificaciones como LEED o BOMA BEST, que evalúan eficiencia energética, consumo de agua y gestión de recursos.
- Dimensión social: estándares como WELL Building Standard, enfocados en salud, bienestar y calidad del ambiente interior.
- Gobernanza y desempeño ESG integral: plataformas como GRESB, que evalúan el desempeño ESG de portafolios inmobiliarios a nivel institucional.
Beneficios de las certificaciones ESG en bienes raíces
La adopción de prácticas ESG y la obtención de certificaciones sostenibles han demostrado generar beneficios tangibles para propietarios e inversionistas inmobiliarios, tanto en eficiencia operativa como en valor financiero.
Entre los principales resultados observados destacan:
- Incremento en el valor de los activos: En Estados Unidos, los activos inmobiliarios que cuentan con certificaciones como LEED o BOMA BEST han mostrado una mejora en el cap rate de entre 40 y 80 puntos base. En México, los inmuebles certificados han registrado incrementos en su valor de mercado de entre 5 % y 15 %.
- Acceso al financiamiento: En Europa, actualmente muchas instituciones financieras no otorgan financiamiento a activos que no cumplan con estándares de sostenibilidad, lo que ha convertido a las certificaciones ESG en un requisito prácticamente indispensable para el acceso al capital.
Implementación en activos existentes

La implementación de certificaciones ESG también es viable en edificios existentes que originalmente no fueron diseñados bajo estos estándares. A través de mejoras en eficiencia energética, optimización de sistemas y gestión operativa, es posible adaptar estos activos a los requisitos de certificación.
En muchos casos, estas inversiones presentan periodos de recuperación de entre dos y tres años, principalmente gracias a los ahorros en consumo energético, agua y costos operativos.
La integración de criterios ESG en el sector inmobiliario ha evolucionado de una práctica voluntaria a un elemento estratégico para la gestión de activos, el acceso a financiamiento y la creación de valor. Las certificaciones de sostenibilidad no solo contribuyen a mejorar el desempeño ambiental y social de los edificios, sino que también fortalecen su competitividad en un mercado cada vez más orientado hacia la sostenibilidad.
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Por Antonio Trueba