Por:
01 / 01 / 1970
El nacimiento del corredor Circuito Exterior Mexiquense (CEM) representa un hito estratégico que marca el inicio de una nueva era para el mercado industrial del Valle de México. Más que una simple expansión geográfica, la consolidación de este nuevo eje logístico surge como la respuesta necesaria a la saturación histórica de submercados tradicionales como el CTT (Cuautitlán, Tultitlán y Tepotzotlán). En estas zonas, donde los límites de densificación y la escasez de tierra han hecho inviable la creación de proyectos de gran escala, el CEM se establece hoy como la nueva frontera industrial, diseñada específicamente para ofrecer las reservas territoriales que la dinámica de crecimiento actual exige.
Esta transformación, que anteriormente se percibía lejana hacia regiones como Zumpango, se fundamenta en una conjunción de factores que han redefinido la logística del noreste de la metrópoli. La infraestructura carretera del Circuito Exterior Mexiquense, sumada a la operación del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) como el nuevo gran nodo de carga nacional, otorga a la zona una conectividad privilegiada. Esta sinergia permite al corredor ofrecer una solución integral de espacio y eficiencia, perfilándose como la alternativa natural y evolutiva para acompañar el crecimiento del comercio y la relocalización industrial impulsada por el nearshoring.
La validación de este mercado como el nuevo "hot spot" del sector está anclada en el desarrollo de T-MEX Park. Este proyecto de clase mundial no solo funge como motor principal del corredor con una proyección superior al millón de metros cuadrados, sino que ya ha demostrado un apetito excepcional por parte de los usuarios finales. Prueba de ello es la absorción temprana de sus primeras tres naves, que suman 150,000 metros cuadrados, las cuales fueron arrendadas en su totalidad desde la etapa de planeación por gigantes globales como DHL e Inditex. Estos movimientos confirman la urgente necesidad del mercado por espacios logísticos modernos y de gran formato con conexión directa al nuevo aeropuerto.
En términos de inventario, el CEM inicia su trayectoria con una solidez indiscutible que garantiza su relevancia a largo plazo. Actualmente, el corredor registra 442,000 metros cuadrados de naves existentes y mantiene un ritmo activo con 160,000 metros cuadrados adicionales en construcción. Sin embargo, lo más impactante es su visión a futuro: con un pipeline que contempla más de 3.1 millones de metros cuadrados, este eje se posiciona como el desarrollo con mayor potencial de crecimiento en la región. Al ofrecer la escalabilidad necesaria para los próximos años, el CEM no solo acompaña la evolución del mercado, sino que plantea una interrogante decisiva para el futuro del sector: si el CEM podría convertirse, efectivamente, en la mejor apuesta para la localización de nuevas operaciones industriales dentro de la Zona Metropolitana del Valle de México.